
Hacía x que no remaba, algunas costumbres - desgraciadamente - no se pueden seguir siempre que uno quiere. Hace días que digo que en verano subiré a remar al pantano, al atardecer, para que me jodan los mosquitos y así adelgazar un poco y renovar el flujo sanguíneo.
Es una pasada lo plano que se queda un pantano cuando cae el Sol, no hay viento, se queda como espejo, y puedes pasar con tu piragua dejando una estela muy chula, como cuando pasas por una pala de nieve virgen y dejas tu marca - o lo intentas -. Es igual de efímero y en tu lucha con remover la mínima cantidad de agua, y el mínimo ruído, pasas levemente entre los árboles y algún pato despistado salta asustado.

Remar relaja un huevo y sobre todo cuando vas sólo pensando en quien sabe que cosas, o mejor in albis, abandonado a la rutina, el ruidito del agua al salir la pala, y la vista puesta en algún lugar imaginario para no perder la línea. Allí no hay zánganos con la caña de pescar - o por lo menos los tienes lejos - dando por culo y mirándote como si les espantaras los barbos o las pocas truchas con sabor a tierra de la zona.
Tengo un remo para reparar que era una caña, de fibra de carbono, como si fuera de los buenos, ligero y con unos refuerzos de aluminio. Cualquier día le meto, de una puñetera vez, una tarde para poder volver a utilizarlo.

Me pongo bucólico pensando en aquellas tardes de piragua, cachis.
Ahora en vez de alimentar los mosquitos de Barasona abastezco los del Villorrio, es lo que tienen los tiempos, los lugares cambian, pero las malas costumbres y las putadas no...

Es una pasada lo plano que se queda un pantano cuando cae el Sol, no hay viento, se queda como espejo, y puedes pasar con tu piragua dejando una estela muy chula, como cuando pasas por una pala de nieve virgen y dejas tu marca - o lo intentas -. Es igual de efímero y en tu lucha con remover la mínima cantidad de agua, y el mínimo ruído, pasas levemente entre los árboles y algún pato despistado salta asustado.

Remar relaja un huevo y sobre todo cuando vas sólo pensando en quien sabe que cosas, o mejor in albis, abandonado a la rutina, el ruidito del agua al salir la pala, y la vista puesta en algún lugar imaginario para no perder la línea. Allí no hay zánganos con la caña de pescar - o por lo menos los tienes lejos - dando por culo y mirándote como si les espantaras los barbos o las pocas truchas con sabor a tierra de la zona.
Tengo un remo para reparar que era una caña, de fibra de carbono, como si fuera de los buenos, ligero y con unos refuerzos de aluminio. Cualquier día le meto, de una puñetera vez, una tarde para poder volver a utilizarlo.

Me pongo bucólico pensando en aquellas tardes de piragua, cachis.
Ahora en vez de alimentar los mosquitos de Barasona abastezco los del Villorrio, es lo que tienen los tiempos, los lugares cambian, pero las malas costumbres y las putadas no...
