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viernes, 8 de mayo de 2009

El Bataillance, un pico en el país de los galos



Como tengo los findes de mayo más ocupados que las chicas bonitas me tomé un día de mis vacaciones y con Joaqui nos fuimos a arrastrar nuestros cuerpos humanos junto con los esquís de travesía.



El Bataillance, 2604 m., es un clásico del esquí de montaña; está cerca, los riesgos de aludes son razonables y su orientación norte protege -razonablemente - la nieve del sol.


Salimos a las 6 del villorrio, madrugar me jode lo que no está escrito, y a las 7 y pico estábamos poniendonos los esquís. Allí había un grupo de tres franceses que subieron y bajaron como motos. Nos quedamos con un detalle muy interesante: Ponen las focas en casa, y así cuando llegan solo es montarse y a cepillar. Ahorras unos minutos que son muy interesantes a la bajada. Nos quedamos con la copla para otro día.



Nos costó 3 horas subir. Hicimos la ultima arista desde el oeste para poder ver la boca del tunel - nos percatamos que los galos subían por allí - y es bonita, pelín aerea y con una cornisa que debe caer a la boca sur del tunel a peso.



La cima es un poco amplia y no me permitió hacer una panorámica demasiado bonita. Comimos y bebimos cagando leches, el sol no espera, y bajamos. Mi nivel de esquí no es malo, pero tampoco bueno, me jode girar en un sentido y la nieve estaba pesada, me falta decisión y un par de rodillas de uno de 20 años. Pero luchando bajé el primer trozo medio erecto, y el segundo, con la nieve muy buena, disfrutamos como enanos. En el tercer trozo me acordé de todos los santos conocidos y desconocidos, y al final cuando ya quedaba poco trozo, no se si era por la nieve o por mi decisión, empecé a girar mejor y llegué al coche como si supiera lo que estaba haciendo. ! Me quedé sorprendido hasta yo ¡.

Una ruta para repetir, muy recomendable, y si pillas un día como el nuestro un escándalo.

La foto mía "esquiando" es de Joaqui.


domingo, 22 de febrero de 2009

El rincon del cielo, Cerler, a pedal



Hace x años tuve unos esquís de travesía. Compré unas tablas baratas, unas Rossignol blancas, una fijación Silvretta 300 que vendía José de una partida de un señor de Zaragoza, y con dos c. me las monté yo mismo - así quedaron - y me fuí a probarlas a la Besurta.

En aquella época los llanos del hospital estaban sin habitar, y podías blasfemar todo lo que quisieras, como fue el caso, y no había ningún niño ni personal sensible de corregirte en tamaña heregía.
Como no tenía botas a tal efecto empecé a probar con mis fallecidas Scarpa, y la verdad es que no me iban mal del todo. Conforme subía se me iba llenando el espíritu de ambiente montañero y la camiseta de energías evaporadas, pero de pronto, como no, algo falló, las pieles de segunda mano comenzaron a tocar los huevos, se empezaron a despegar de las colas - no tenían entonces enganche - y el perfecto ambiente montañero se fue ensuciando. Cuando se despegan, se despegan y por mucho que recuerdes la familia de nuestro señor, la cosa no se arregla , y normalmente se empeora. Mi frágil paciencia se fue evaporando a un ritmo más rápido que el sudor de mi espalda y comencé a soltar un humillo peligroso. Recogí la parada y me volví a casa a intentar comprender donde la había cagado.

Posteriormente repetí la "salida" con otras botas, y allí sumé la incomodidad de las susodichas al programado acto de despegarse las focas y eso fue el acabose. Recogí la parada de manera total, me vendí las fijaciones y dejé los esquís en una esquina.

Siempre había sido una asignatura pendiente el tener unos esquís de travesía - y utilizarlos bien - y este año con ocasión de mi cumpleaños he tirado la casa por la ventana y me he mercado unos, con sus botas. Estos tienen un enganche en las pieles - en las colas - para intentar evitar el desagradable acto de despegarse.

El sábado salí tarde del villorrio - las 11 - para llegar a Cerler una vez los esquiadores hubieran asentado sus coches en el parking y poder salir antes que ellos - en teoría - . A la una " tranquilamente" intente buscar un sitio para ello, y si me descuido aparco en Benasque. Menos mal que hay crisis...

Me coloqué los esquís e intentando evitar todo lo posible las pistas inicié la ascensión desde el Molino a 1500 m. hasta la cima del rincón del cielo a 2322 m. La silla del Rincón estaba chapada por el aire y eso me vino de perlas por tener la pista de labert casi vacía. Cogí el camino que lleva por la pista de la Rabosa - totalmente helada - y allí, en una lucha con el fuerte viento, fui subiendo como podía por aquella pista de patinaje. Cuando llegué al cordal el fuerte viento me arrastraba lateralmente, y suerte de mi "fuerte complexión" que me mantenía pegado al suelo, sino inicio el vuelo cual ave rapaz.


Una vez arriba tuve que protegerme del fuerte viento junto a la caseta y allí me preparé para la bajada. Estaba cansado y las botas, menos rígidas que las de pista, se notaban más juguetonas y controlaba menos.


Resumen: no hubo blasfemias dignas de mención, las pieles se quedaron en su sitio y todo funcionó dentro de lo previsto. Lástima de una mejor climatología en la cima para poder tomar más fotos y poder estar un rato tranquilo. Para repetir.